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¿Por qué las infancias se comportan diferente en casa y escuela?

Muchas veces escuchamos frases como:

“En la escuela se porta bien, pero en casa hace berrinches” o “En casa está tranquilo, pero en la escuela explota”.


Y aunque puede generar preocupación o frustración, no significa que haya “dos versiones” distintas de una misma persona, sino que…

El comportamiento cambia según el entorno.


Las infancias no se sienten igual en todos los espacios, por eso tampoco se comportan igual.


Mientras que en la escuela suele haber más estructura, normas claras, horarios y mayor esfuerzo por regularse emocionalmente. En casa, en cambio, aparece la confianza, la necesidad de descanso y muchas veces la descarga emocional de todo lo sostenido durante el día.

Por eso, no siempre se trata de “mala conducta”. Muchas veces hablamos de adaptación y regulación emocional.


La casa suele convertirse en espacio de descarga

Después de pasar horas conteniéndose, siguiendo instrucciones o intentando adaptarse socialmente, algunas infancias llegan a casa irritables, sensibles o con poca tolerancia a la frustración.

Esto puede verse como:

  • Llanto intenso.

  • Berrinches.

  • Irritabilidad.

  • Necesidad constante de atención.

  • Cambios bruscos de humor.


Y aunque puede ser desgastante para quienes acompañan, muchas veces es una señal de seguridad emocional, es decir, que sienten que ahí pueden soltarse.

Aunque también puede ocurrir lo contrario.


Hay infancias que en casa parecen tranquilas, pero en la escuela presentan dificultad para relacionarse, frustrarse o seguir límites.

Esto puede estar relacionado con ansiedad, inseguridad, dificultad para adaptarse o incluso sobrecarga emocional.

Por eso es importante observar el contexto completo y no etiquetar rápidamente.


¿Qué pueden hacer las personas adultas?

Más que corregir inmediatamente, es importante intentar comprender qué puede haber detrás del comportamiento.

En casa

  • Acompañar sin minimizar lo que sienten.

  • Mantener límites claros sin gritos ni amenazas.

  • Dar espacios de calma y regulación.


En la escuela

  • Compartir observaciones con la familia.

  • Identificar momentos de mayor dificultad.

  • Evitar etiquetas como “problemático”, “berrinchudo” o “agresivo”.


Cuando casa y escuela acompañan de forma parecida, las infancias suelen sentirse más seguras y comprendidas.


Comprender cambia la forma de acompañar

No se trata de justificar todo comportamiento, sino de entender que detrás de muchas conductas hay emociones, cansancio, frustración o necesidades que todavía no saben expresar de otra manera.

Porque más que buscar infancias “bien portadas”, necesitamos personas adultas que sepan acompañar lo que sienten.


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